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16 de septiembre de 2026
Los nuevos materiales obligan a los talleres a especializarse en reparaciones más complejas

Hablar de “chapa y pintura” empieza a quedarse corto para describir la realidad actual de los talleres de carrocería. La evolución del automóvil ha transformado profundamente la composición de los vehículos, que ya no dependen tanto de la chapa tradicional y cada vez incorporan más aluminio, aceros de alta resistencia y aceros de ultra alta resistencia.
Este cambio responde principalmente a la necesidad de fabricar vehículos más seguros, ligeros y eficientes. Sin embargo, también supone un nuevo reto para la posventa, ya que no todos los materiales se pueden reparar de la misma forma. En algunos casos, determinados componentes estructurales no admiten reparación y deben sustituirse por completo, lo que puede elevar el coste de las intervenciones tras un siniestro.
Según los datos expuestos por Solera en el Congreso de Posventa Iberia CESVIMAP, las carrocerías actuales presentan una composición mucho más compleja que la de hace dos décadas. Mientras que antes la chapa tenía un protagonismo casi absoluto, ahora convive con otros materiales que requieren conocimientos específicos, herramientas adecuadas y procedimientos marcados por el fabricante.
Esta evolución afecta especialmente al taller de carrocería, que debe adaptarse a nuevas técnicas de reparación, soldadura, pegado, remachado y sustitución de piezas. La formación se convierte así en un elemento clave para garantizar reparaciones seguras y de calidad. De hecho, entidades como CESVIMAP ya cuentan con programas especializados en reparación de aluminio, aceros especiales, soldadura avanzada y nuevas tecnologías aplicadas a la carrocería.
El cambio también impacta en otros actores del sector, como recambistas, aseguradoras y peritos, que deben tener en cuenta la mayor complejidad técnica de las reparaciones y el posible incremento del coste medio de los siniestros.
En definitiva, el clásico “bollo de chapa” está dando paso a intervenciones mucho más técnicas. Para los talleres, el desafío ya no es solo devolver el vehículo a su aspecto original, sino hacerlo respetando la seguridad estructural, los materiales empleados por el fabricante y los procedimientos adecuados para cada modelo.